La interacción
del agua con la ceniza hace que lixivien una gran variedad de elementos químicos, generan elevaciones bruscas del pH del agua y de su salinidad, haciendo que gran parte de la vida acuática desaparezca. Estos lixiviados contienen componentes asociados a la salinidad, como cloruros y sulfatos, sodio y potasio. Aportan elementos como hierro, magnesio, calcio, etc. que pueden ser beneficiosos para el suelo.
Los elementos trazan potencialmente tóxicos, como arsénico, flúor, antimonio, etc., pueden llegar a permanecer hasta miles de años en las aguas subterráneas siendo, por tanto, sus efectos medioambientales permanentes a largo plazo