El segundo hecho tiene que ver con el grito unánime de personas y colectivos diversos (occidentales y orientales, vencedores y vencidos, capitalistas y socialistas, creyentes y no creyentes, agnósticos, librepensadores y masones de diferentes logias) que, al percibir como deshumanización la secuela de sufrimiento y muerte para millones de inocentes que implicó la II Guerra mundial, dijeron: ¡Nunca jamás esto otra vez!, y resolvieron que la piedra angular para construir la paz y el bienestar en el mundo y en cada sociedad es la dignidad inherente e inalienable de todo ser humano tal como se expresa en la Declaración y subsiguientes instrumentos internacionales de DDHH.