Gracias a la intenso predominación en el control social de la religión en las comunidades de la era, a la literatura se le exigía que fuera un transporte de los contenidos morales, éticos y didácticos del cristianismo, por lo cual comunmente era una literatura ejemplarizante, controlada.
No obstante, muchas otras obras escapaban de este sesgo, retomando tradiciones latinas o paganas y recreándolas más libremente.