En este entendido, el diagnóstico de los problemas psicológicos en los adultos ha avanzado considerablemente; posiblemente, uno de los más significativos avances ha sido el surgido de los intentos para desarrollar criterios específicos para un número determinado de trastornos (Kazdin, 1990); estos avances han promovido y realzado la investigación sobre incidencia, prevalencia, causas, tratamiento y curso clínico de diversos problemas. Sin embargo, hasta hace poco, el estudio e investigación de los problemas psicológicos en la niñez fueron poco atendidos, tanto a nivel de los criterios como en su clasificación y diferenciación.