La comprensión de esta jerarquía no es un mero ejercicio académico: permite al profesional reconocer la dirección de la progresión de la enfermedad. Si la enfermedad progresa hacia la parte superior de la jerarquía desde –riñones, pulmón, apófisis, corazón y finalmente el cerebro, está claro que el progreso se produce en una dirección adversa y si por el contrario si la progresión es descendente, desde el cerebro hacia los músculos, existe una clara mejoría de la salud general.
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