Francisco Pizarro era hijo natural de un hidalgo de Trujillo. Asociado con otro aventurero, Diego de Almagro, partió en 1.530 con un pequeño ejército de 180 hombres y algunos caballos. Allí, acusando al inca de sacrilegio por arrojar una biblia al suelo, ordenó atacar a sus hombres. Según el relato de Pizarro, los indígenas, muy superiores en número, fueron derrotados, muriendo unos 6.000 de ellos. Atahualpa fue hecho prisionero, y aunque entregó una fortuna en oro y plata como rescate, Pizarro ordenó su ejecución, acusándole de la muerte de su hermano. Dos años después, Pizarro fundó la nueva capital, Lima.