Cuando se trata de ir a los principios de mi práctica pedagógica y más en estos momentos, es ir a lo fundamental, a las bases mismas de ese hacer y de mi ser. Este momento lo bautizo como el momento de la re-invención, de la re-organización para dar respuesta honesta desde lo que soy a lo que hago. La eticidad en mi práctica pedagógica se ha vuelto el horizonte, mi mirada se ha no solo ampliado, sino sobre todo, profundizado. La identificación de mis objetivos como maestra con las personas que me fueron confiadas para enseñarles cierta parte del conocimiento humano, y desde estos objetivos, la realización de la clase y sentido ético de la evaluación. Cuido de ellos y de mi apelando a la flexibilidad para adaptarnos a esta y a futuras situaciones, marcando claramente la ruta metodológica para realizar las actividades académicas discernidas desde su esencialidad, objetivo y pertinencia, el cuidado del espacio vital que es nuestra aula virtual y en el contacto visual y a través del lenguaje. Mis áreas de ética y filosofía cuidan de mis estudiantes con herramientas de pensamiento crítico y creativo frente a la construcción de sentido de vida en los momentos de grandes dificultades como este. Como se titula el texto de Spinoza: "La reforma del entendimiento humano".