Las zonas urbanas crecieron de manera acelerada, aumentaron los asentamientos irregulares y la demanda de vivienda y servicios públicos (agua potable, luz, drenaje...). También se agravaron los conflictos sociales característicos de la sobrepoblación, como la falta de empleo, la contaminación, la sobreexplotación de los recursos naturales, la pobreza, el hambre y la desnutrición, entre otros.