La gente lleva a su trabajo, efectivamente, no sólo su cuerpo, su capacidad física y sus aptitudes, sino también sus sentimientos, emociones y afectos, así como sus conflictos, tensiones, ansiedades y angustias. Y puesto que en el trabajo transcurre la mitad de la vida consciente del individuo, es ahí donde realiza una función de trascendencia vital para sí mismo y para quienes dependen de él.