El sujeto empírico, es decir, el hombre individual, es un objeto del Yo trascendental, un objeto que pone (es decir, crea) pensándolo y del que, al mismo tiempo, supera la individualidad universalizándolo. De frente al espíritu que es absoluta libertad, porque es absoluta creatividad, el objeto o ser es necesidad. Por el pensamiento que los pone, en el acto en que los pone, es libre e incondicionado y no obedece sino a su propia necesidad interna.