Este jardín se encontraba alejado donde se ocultaba el sol y estaba vigilado por las Hespérides, unas ninfas, y por una serpiente, aunque se desconocía su localización exacta, era un misterio. Después de mucho tiempo buscando, Hércules consultó a Nereo, ya que él conocía todos los secretos.
Hércules le encadenó y le obligó a confesarle la localización del jardín. El héroe acudió a Atlas, ya que él sostenía la bóveda celeste sobre sus espaldas. Éste decidió ayudar a Hércules matando a la serpiente que vigilaba el jardín si él sostenía mientras el cielo; el héroe aceptó y Atlas mató a la serpiente y le consiguió las manzanas.