La obra de arte vale por su reconocimiento social: “El valor de uso del arte, su ser, es para ellos un fetiche, y el fetiche, su valoración social, que ellos confunden con la escala objetiva de las obras, se convierte en su único valor de uso en la única cualidad de la que son capaces de disfrutar”, dejando de lado la esencia misma del arte, su capacidad de transgredir, quitándole a la obra de arte su discusión intelectual, su importancia histórica y su manifestación cultural.
el arte se divide en dos vertientes, por un lado el arte visto como entretenimiento por la industria cultural, y por otro, el arte como mercancía que brinda un estatus social: el arte como imitación y reproducción de realidades que alienan al sujeto y, el arte decorativo y codificado de estatus social.