Lengua informal: es la más habitual. Se utiliza en contextos cotidianos (en el día a día), es coloquial (es, básicamente, oral) y con personas cercanas a nosotros, con las que tenemos una relación estrecha ("hay confianza") por lo que nos sentimos relajados a la hora de comunicarnos. Es la que usamos con nuestros familiares, amigos, compañeros de clase, etc.
Lengua formal: se usa en situaciones en las que la relación con el receptor es más lejana ("no hay tanta confianza o no hay ninguna", por lo que cuanto decimos está más meditado, es menos espontáneo y hacemos un esfuerzo por organizar el lenguaje de una forma clara, respetando la normativa.