No pedir no solo condiciona una determinada identidad, y resulta en una particular manera de ser, sino que es un factor que define el tipo de vida que podremos esperar. No es que siendo como somos, no pidamos, mas bien, el no pedir nos hace ser como somos y nos confiere una forma de vida correspondiente. Si comenzamos a pedir donde no lo hacemos, trasformaremos nuestra forma de ser. De la misma manera hay quienes no hacen ofertas, y asumen un papel pasivo en mostrarse como posibilidad para otros. Si estos otros no lo descubren están condenados en pasar inadvertidos.