Por muchos años, el mundo estuvo poblado sólo por divinidades. Los dioses, liderados por Zeus, decidieron crear seres para poblar la tierra. Así, encargó a los hijos de Jápeto que dotaran de gracia y fuerzas a las criaturas terrenales. Epimeteo dio a cada animal un don, a unos la belleza, otros velocidad, algunos la corpulencia, etc., según su conveniencia. Dio todos los dones a los animales, dejando por último al hombre, que quedó desnudo, indefenso y desarmado. Ante aquel desastre, Prometeo moldeó una figura de arcilla, a imagen y semejanza de los dioses y Atenea, diosa de la sabiduría, sopló aliento de vida sobre la figura. Prometeo robó el fuego al Olimpo, dotando a los humanos de sabiduría, enseñándoles la supervivencia, las artes y las ciencias.