En esta etapa se comienza con alguno de los participantes; ya sea por azar o por acuerdo, se eligen los roles de ponente y oponente (o antagonista) antes de la etapa de argumentación. Al seguir estas reglas se disminuyen los riesgos de que alguno se sienta favorecido y se garantiza la igualdad de condiciones. Para ello, se requiere la elaboración de una lista de las proposiciones aceptadas por ambas partes, y por lo general se rescatan los hechos, verdades, normas, valores, jerarquías de valores aceptados entre ellos, con el propósito de ser claros en todo el proceso argumentativo.