Gracias a esta capacidad podemos recordar dónde vivimos, el nombre de nuestros padres, la cara de nuestros amigos, qué comimos el día anterior e, incluso, cuál es la capital de nuestro país.
La memoria nos permite acordarnos de que tenemos una reunión en el trabajo, conocer el nombre de un cliente o sabernos la contraseña del ordenador.
Estudiar el temario de una asignatura del colegio o de la universidad sería imposible sin nuestro sistema de almacenaje. También tendríamos problemas para recodar cuándo tenemos un examen o qué actividades teníamos que hacer.
Cuando estamos conduciendo un vehículo, empleamos nuestra memoria para saber qué recorrido debemos seguir. Además, nos ayuda a recordar dónde hemos aparcado o, simplemente, cómo conducir.