Por ejemplo, un paciente afirmaba que «siempre había estado deprimido». Cuando el terapeuta le preguntó: «¿Qué te hace pensar que estás deprimido?», respondió: «Sé que estoy deprimido porque de vez en cuando tengo "días buenos"». Entonces el terapeuta pidió al paciente que describiese lo que era diferente en esos «días buenos», especialmente qué cosas diferentes hacía.
La alusión por parte del paciente a la existencia de excepciones a la regla de estar «siempre deprimido» llevó a la descripción de comportamientos, percepciones e ideas que, a su entender, no tendrían lugar en los «días malos». Entonces el terapeuta pidió al paciente que predijera, antes de acostarse, qué tipo de día iba a ser el siguiente y, si predecía un «día malo», por la mañana, al despertarse, debería hacer algo que normalmente habría hecho en un «día bueno». En la tercera sesión el cliente comentó que las predicciones de «días malos» habían sido menores y que el número de «días malos» había descendido notablemente; en realidad, transformaba todos los días en días más o menos normales.