Debido a su inteligencia el Jinete sabe cómo situarse a lomos del Elefante para dirigirlo, sujeta las riendas y parece llevar la voz cantante pero, dada su diferencia de tamaño, su control no deja de ser precario, débil e inestable, y cada vez que el enorme Elefante se rebele contra el Jinete, y quiera tomar otra dirección