Durante los días previos al equinoccio de otoño de 1976, decidió explorar la zona donde se encontraría el geoglifo de la Cruz del Sur, Miguel Hermosa, un estudiante universitario, fue una ayuda invaluable para llegar a un lugar que era solo un punto borroso en el desierto, marcado en un altísimo pero excelente foto aérea del vuelo.
Encontrar este asentamiento pre cerámico en el desierto de Salinas del Chao no fue tarea fácil, pues en las fotografías aéreas analizadas no se veía otro acceso que la playa, cerrada por cadenas de altas dunas, cuyos apretones al acercarnos resultaron ser trampas de arenas movedizas.