Las transferencias afectan a la demanda de bienes y servicios indirectamente. Son lo contrario de los impuestos: elevan la renta disponible de los hogares, de la misma forma que los impuestos la reducen. Si las compras del Estado son iguales a los impuestos menos las transferencias, G = T y el Estado tiene un presupuesto equilibrado. Si G es superior a T, el Estado incurre en un déficit presupuestario, que se financia emitiendo deuda pública, es decir, pidiendo préstamos en los mercados financieros. Si G es menor que T, el Estado experimenta un superávit presupuestario, que puede utilizarse para devolver parte de su deuda pendiente.