Europa había sido sacudida años atrás por varias guerras con sus inevitables secuelas de horror, de hambre y de conmoción social, mientras la revolución industrial avanzaba dinámica pero -a veces- despiadada mente. La miseria era bastante generalizada y, como siempre, parte de la clase pobre esperaba por los “mesías” salvadores de la sociedad con ideas nuevas y esperanzadoras. Nos quejamos ahora de tiempos difíciles, de falsos líderes demagogos y absolutistas, de materialismo rampante, de deserciones de cristianos, etc, pero aquellos no eran tiempos mejores que éstos. el siglo XIX contó con la presencia de los dos grandes ideólogos estrellas del socialismo moderno. Como es de suponer me refiero a Karl Marx, quien murió en el año 1883 y a Federico Engels, contemporáneo del anterior, fallecido sólo cuatro años después de Rerum Novarum. Ambos filósofos alemanes, el primero emigrado a Francia por serias discrepancias con las autoridades prusianas, donde desarrolló su carrera y el segundo trasladado por su padre, un industrial alemán, a Inglaterra para que “aprendiera” el capitalismo como accionista de una compañía alemana en Londres. Es admirable ver como la iglesia de una forma sutil se interpone a los pensamientos negativos que muchos tenían en esa época.