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Historia y ruina del Imperio Romano (En el segundo siglo de la era…
Historia y ruina del Imperio Romano
En el segundo siglo de la era cristiana, abarcaba el Imperio de Roma la parte más florida de la tierra y la porción más civilizada del linaje humano.
con la fama antigua y el valor disciplinado, el influjo apacible y eficaz de leyes y costumbres había ido gradualmente hermanando las provincias.
Poseía al parecer el senado romano la autoridad soberana, y trasladaba a los emperadores la potestad ejecutiva del gobierno.
Las grandiosas conquistas de los romanos fueron obra de la república, y los emperadores.
de las armas; y que en el empeño de lejanas guerras díficultábase más y más el avance, aventurábase más el éxito, y resultaba la posesión en extremo contingente cuanto menos provechosa.
Intentaron sus generales, en el primer tercio de su reinado, sojuzgar la Etiopía y la Arabia Feliz, y marcharon más de trescientas leguas al sur del trópico; pero luego el ardor del clima rechazó.
Al fallecimiento de aquel emperador, leyóse públicamente en el senado su testamento, que dejaba por herencia de entidad a sus sucesores el encargo de ceñir el Imperio en aquellos confines que la naturaleza había. colocado.
Felizmente para el sosiego humano, acosados de vicios y zozobras, aviniéronse sus inmediatos sucesores al plácido sistema reencarnado por la cordura de Augusto.
y como la Bretaña se aparecía allá como un mundo aislado y diverso, apenas se miraba su conquista como excepción del general sistema del arreglo continental.
la segunda excepción del encargo de Augusto, hasta cuatrocientas leguas de circuito, siendo sus límites naturales el Teis o Tibisco, el Niester, el Bajo Danubio y el Ponto Euxino.
Los partos, ya degenerados y exhaustos con sus discordias intestinas, huyeron a su presencia, y bajó triunfalmente por el Tigris desde las cumbres de Armenia hasta el golfo Pérsico.
Los partos, ya degenerados y exhaustos con sus discordias intestinas, huyeron a su presencia, y bajó triunfalmente por el Tigris desde las cumbres de Armenia hasta el golfo Pérsico.
y era fundamento de temer que tantas y tan remotas naciones sacudirían allá el recién uncido yugo, en no permaneciendo enfrenadas por la prepotente mano que se lo había impuesto.
Talaron sus escuadras las costas de Arabia, y engrióse equivocadamente Trajano de haberse asomado hasta los confines de la India . Atónito el senado, estaba todos los días oyendo nuevos nombres de naciones rendidas a su prepotencia.
el ánimo en los sirvientes mercenarios de un déspota; y se hizo forzoso acudir a aquella quiebra con otros impulsos de igual trascendencia, a saber, el honor y la religión.
La planta militar que en tal grado afianzó el sosiego y poderío del Imperio romano se nos ofrece desde luego como objeto grandioso y digno de nuestra atención.
las tropas mercenarias de la Europa moderna, se alistaban entre las heces, y aun con frecuencia entre los mayores forajidos que afrentaban el linaje humano.
la práctica en aquellos reinados, y mientras conservó el Imperio alguna fuerza, mereció la enseñanza militar el concepto de cabal dechado de la disciplina romana.
Sus calles o andenes eran desahogados, rectos, y dejaban un espacio de cien pies en derredor entre las tiendas y el muro.