A partir de las jornadas revolucionarias de abril de 1952, Bolivia nacionalizo el estaño. Pero ya para entonces, aquellas minas riquísimas se habían vuelto pobres. En el cerro de Juan del Valle, donde Patiño había descubierto el fabuloso filón, la ley del estaño se han reducido ciento veinte veces. El cementerio cruje. Por debajo de las tumbas, han sido cavados infinitos túneles, socavones de boca estrecha donde apenas caben los hombres que se introducen, como vizcachas, a la búsqueda del mineral.